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La salida de la Zona Euro, pero no del Euro como moneda circulante Destacado

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Por Manuel Fernández Vilches

La salida de la Zona Euro sería como una declaración de guerra al BCE, no contra la Unión Europea y el Mercado Único Europeo, pero habría una reacción externa, una respuesta del sistema financiero local y exterior, y unas consecuencias inmediatas de un período de cambios. España pasaría a formar parte del grupo de países de la UE y el Mercado Único que no están en la Zona Euro. Pero la salida de la Zona Euro pide un plan estratégico, instaurar un Estado de Emergencia en la transición del sistema financiero y bancario, y la recomposición de las Relaciones Exteriores.

El Euro permitió durante una década la estabilidad monetaria y facilitó el crédito exterior, pero resulta contraproducente en la actual crisis financiera internacional. El elevado valor del Euro tiene un efecto directo en detrimento del PIB, y reduce los márgenes de ganancia por las exportaciones.

Aunque el problema no es el Euro, sino la política de estabilidad monetaria que implica una servidumbre a la banca de inversión especulativa, y es connatural al mandato dado al BCE; así como es parte de la constitución del Euro la servidumbre de las economías “periféricas” a las economías centroeuropeas, las que deciden la política monetaria. Además, la política monetaria del BCE tiende a desequilibrar la relación entre el capital financiero (Economía Especulativa) y el capital productivo (Economía Real).

En cuanto a las finanzas públicas, el principal problema de la constitución del Euro no es que el Banco Central Europeo no emita bonos europeos, como se insistió hace unos pocos años; y aunque el BCE los emitiera, no sería la solución en la actual crisis financiera de los “periféricos”. No sería una solución, porque las economías de la Zona Euro tienen fiscalidades independientes, no confederadas. Adquirir esos hipotéticos bonos europeos no pasaría de conformar una deuda externa, y sin autonomía de política monetaria para los “periféricos”. El problema del Euro para las finanzas públicas de los “periféricos” es la falta de un sistema fiscal unificado de la Zona Euro; y que, sin embargo, el BCE impone a los Estados una política monetaria antinflacionaria, y una política de “ajuste” del Déficit Público, sin que exista ningún mecanismo de inversión en la Economía Productiva.

Esta contradicción en la constitución del Euro determina que sea instrumento beneficioso para las economías del Centroeuropa, y perverso para las economías “periféricas”, a las que no permite invertir en la función de “crecimiento” si no es con deuda de la banca centroeuropea y para la industria centroeuropea. La constitución del Euro ha convertido las economías “periféricas” en mercados cautivos del Centroeuropa. Y el mercado centroeuropeo representa mejores oportunidades para Turquía o Marruecos que para los “periféricos” de la Zona Euro; así como para la economía española representa mejores oportunidades el mercado latinoamericano que el Centroeuropa.

En cuanto a la Economía de las sociedades, el principal problema del Euro consiste en que:

a) es una moneda sobrevalorada para las economías de los Estados “periféricos”, por relación con las economías más potentes del Centroeuropa; Nota: Peor aún, desde que se estableció el cambio fijo de conversión de la Peseta por el Euro, éste se ha revaluado y el BCE ha mantenido constantemente un interés más alto que el de la Reserva Federal de EU.

b) el Mercado Único ha nivelado los precios, no los salarios, por el rango de productividad/consumo Centroeuropeo, por lo cual se devalúa la relación productividad/consumo de los salarios “periféricos”; un ejemplo: actualmente, si un turista alemán en España paga un Euro por determinado consumo, el valor en horas de trabajo de ese Euro para él puede representar un tercio o menos de lo que representa pagar un Euro para el asalariado español. Esto significa que, de hecho, el Euro del salario español ya está devaluado respecto del Euro del salario alemán.

c) encarece las exportaciones de los “periféricos”, particularmente de manufactura y productos naturales elaborados, además de los servicios turísticos de calidad;

d) la banca (o cuentas) de inversión extranjera obtienen ventajas no compensadas con las desventajas de la banca (o cuentas) de capital de acumulación nacional;

e) el pacto del Euro impuso un cambio fijo del Euro por la Peseta en 166.386 Pesetas, y no permite su corrección según la conveniencia de la economía española. Nota: La Peseta continúa teniendo valor en España. En todas las operaciones bancarias se establece su equivalencia con la Peseta, y todavía se pueden cambiar los miles de millones de Pesetas en reservas privadas por Euros en el Banco de España. En cierto modo, coexisten dos monedas.

Luego, una propuesta para la salida del Euro y la vuelta a la Peseta, consistiría en continuar utilizando la moneda Euro como moneda de cambio y la peseta como moneda de cuenta. En el comercio y en la ventanilla de los impuestos se pagaría con billetes Euros, pero la moneda de cuenta para el Fisco y para el comercio sería la Peseta devaluada respecto del actual cambio fijo con el Euro. Un ejemplo de sistema con dos monedas se da en Panamá con el Dólar y el Balboa. El Euro pasaría a ser una moneda extranjera de libre circulación en España. Y el Banco de España solamente tendría que variar el cambio de la Peseta por el Euro. Mejor dicho, devaluar el cambio de la Peseta con el Euro, sin necesidad de que circule la Peseta como moneda en papel o en metálico. El turismo, obligado a pagar en Euros, mantendría la circulación del Euro en billetes y moneda, y el Banco de España podría comprar regularmente Euros en moneda (metálico o billete).

Estado de Emergencia durante un período de transición:

1. Cambio de sistema monetario, manteniendo el Euro como moneda de libre circulación, más un plan de devaluación del actual cambio fijo de la Peseta con el Euro. Nota: el sistema de doble moneda evita los efectos negativos en la banca que, de otro modo, supondría la interrupción de la circulación del Euro.

2. Bajar el interés del dinero en el mercado interbancario.

3. Estatizar la función de la banca en el mercado primario de Deuda Pública.

4. Plan de negociación de la deuda externa, pública y privada, después de comprar el máximo de valores de deuda devaluada debido al efecto del anuncio de salida de la Zona Euro.

5. Plan de asistencia a las empresas con deuda externa.

6. Regular la banca de inversión y la banca de depósitos.

7. Plan de control de la inflación: de la masa monetaria en circulación dispuesta al consumo (presión de la demanda-salarios sobre la oferta); control de una lista básica de precios; control del interés del dinero.

8. Control sobre la importación y exportación.

9. Plan de importación de hidrocarburos y materias primas.

10. Inversión Pública.

11. Inversión en la producción. Revertir tres décadas de desinversión en la producción agrícola-ganadera e industrial. Reactivación de los Autónomos, empresas de trabajo familiar y microempresas, asociados a la mediana empresa. Compensación de los márgenes de ganancia de las empresas exportadoras. Nota: la empresa de cooperativa debería considerarse como cualquier empresa de acumulación de capital, si no es cooperativa comunal de usuarios y consumidores; pues las cooperativas que venden servicios o productos se rigen por los precios de competencia mercantil, y acumulan capital como cualquier empresa a beneficio de un estamento de propietarios o fondo “de manos muertas”.

12. Plan de Economía de Servicios. Desincentivar la sobrexplotación de “salarios basura” del low-cost; e incentivar la colocación de servicios de trabajo cualificado.

13. Plan de inversión en Gasto Social, para compensar con “salario social” la caída de los salarios.

Nota: El Gasto Público asume la rectificación del ingreso social, para mantener la competitividad salarial.

14. Puntos críticos: definición de la política en la Unión Europea, con Latinoamérica y con las potencias emergentes.

15. Plan para asegurar las relaciones con organismos internacionales, en particular FMI, OCDE, OMC. En la última década se ha acumulado experiencias positivas de cambios de políticas monetarias en los países latinoamericanos y las potencias emergentes.

Resultado buscado a medio plazo: elevar el valor relativo del salario medio y del “salario social”, asegurar el potencial de desarrollo económico, y buscar el equilibrio del capital productivo con el capital financiero. Nota: “crecimiento” económico no necesariamente significa aumento constante del PIB, por esto propongo volver al concepto de “desarrollo económico”.

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